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Por: Liliana Castañeda
Detrás de la sencilla historia de Kunturi en la película “El regalo de la Pachamama” se esconde la aventura de una producción que duró seis años en completarse. Toshifumi Matsushita, su director, compartió algunas de estas anécdotas con Canadahoy.com
Liliana Castañeda ¿Cómo un director japonés termina filmando en Bolivia una historia sobre las comunidades quechuas?
Toshifumi Matsushita. La cultura japonesa y quechua tienen mucho en común, por ejemplo, en la tradición Shinto y Budista también creemos en que existe una vida después de la muerte. Yo tenía mucho interés en conocer mucho más de los quechuas y viajé por seis meses en una visita preliminar y posteriormente comencé el rodaje.
L.C. ¿Qué desafíos enfrentó durante la filmación de la película?
T.M. Muchos. En el pueblo de Kayoko tuve que negociar durante cinco o seis horas y la gente hablaba entre sí sin dirigirme la palabra. Yo les ofrecí un poco de ron y al final me pidieron electricidad, alcantarillado y hasta computadores para la comunidad. Yo les expliqué que no era del gobierno japonés ni nada parecido hasta que llegamos a un acuerdo monetario al final. Después intentamos hacer las tomas, pero cada vez que yo decía acción, ellos no se movían hasta que entendieron el concepto de hacer una película.
También las escenas del Festival TinkuXXXX fueron un desafío porque mi equipo técnico tenía miedo de filmar y terminar en medio de una pelea de las que abundan en el festival como homenaje a los guerreros. En definitiva, estas escenas tomaron tres años en terminarse porque yo no estaba satisfecho con la filmación original y para repetir el trabajo, teníamos que esperar a que la celebración sucediera al año siguiente.
L.C. ¿Tuvieron problemas con la altitud?
T.M. Sí, sobretodo en las minas de Potosí que están a 4.500 m sobre el nivel del mar. La escena de la mina fue difícil porque parte del material fue expuesto a la luz,el terreno tenía muchos obstáculos y cuando repetimos la escena, el niño había crecido. En fin, toda una odisea.
L.C. ¿Hubo apoyo de las autoridades y cuál ha sido la recepción del público boliviano?
T.M. En realidad, el único contacto con las autoridades fue pagarle a la CONACINE por los derechos de filmar en territorio boliviano y la colaboración de la policía y la Cruz Roja en la escena del accidente.
La película se presentó en el Festival de Cine Indígena de Bolivia con gran aceptación, pero me sorpredió el comentario de un asistente que me dijo que mi película era muy “japonesa” (risas). Yo aproveché la ocasión para entregar copias de la película y ser repartidas a distintas poblaciones.
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