Cuando los hombres y mujeres, de todas las clases sociales, viven
bajo el poder de la alineación política, económica o religiosa, acuden con
desespero a buscar apoyo en los curanderos del alma y del espíritu, en procura
de tranquilidad.
Cuando Argentina pasaba por
los momentos más críticos de la depresión económica de los noventa, los medios
de comunicación le dieron enorme despliegue al parasicólogo Carlos Luconi, de
origen italiano, a quien calificaron como el “mayor humanista de América
Latina”. Luconi vivía en el “Palacio Presidencial de la Moneda” leyendo el
tarot. Años atrás, en la década de los ochenta, asesoró a miembros de la
dictadura.
Los medios de la época
revelaban que “sus ingresos anuales alcanzaban los dos millones de dólares,
atendía doscientos pacientes diarios y tenía
institutos en varias ciudades de la nación gaucha, lo mismo que una sede
en Roma, a pocos metros del Vaticano”, hecho que le granjeaba admiración
competitiva sin límites .
El eslogan que lo condujo
al éxito y le permitió adquirir una imagen corporativa seductora entre los
creyentes de todas las culturas y subculturas religiosas era lo suficiente
sugestivo como para embaucarlos a todos: “Yo saco radiografías del alma”.
Argentina también nos recuerda a López Rega, conductor moral de Isabelita de
Perón y hechicero del régimen.
Mauricio Puerta,
antropólogo, con especialización en parasicología, fue asesor de cabecera de
varios presidentes colombianos. Ministros de Hacienda recibían sus consejos
antes de incursionar por los laberintos del Congreso de la República en defensa
de las reformas tributarias lesionadoras de los intereses de las clases medias
y populares e instrumentos legales al servicio del gran capital.
Conspicuos miembros del
Opus Dei, y parasicólogos, nombre que
con elegancia se identifica hoy los charlatanes de la metafísica, han rondado
por los estrados del poder en Colombia y en América Latina.
En la literatura sobre el
narcotráfico y el paramilatarismo en Centro América y Colombia se encuentran
profusas alusiones al entroncamiento de los actores de la barbarie con
hechiceros y videntes.
Crece la audiencia ante las
puertas de los astrobrujos y hechiceros
en demanda de la seguridad espiritual que no
pueden ofrecer los sistemas llamados democráticos, apuntalados con los Tratados de Libre
Comercio y los más complejos
dispositivos y seguros de la propiedad privada.
Millones de hombres y
mujeres viven como autómatas, sin poder
entender las raíces de históricas de sus frustraciones emocionales,
morales y físicas, a quienes convendría ver la película “Atrapados sin Salida”,
del Director norteamericano Milos Forman, con la brillante actuación de Jack
Nicholson, en cuyas líneas se observa una sociedad que oprime, subyuga,
fragmenta y aísla, y de la cual, como en el film, si es posible liberarse.
Por los caminos de
Catemaco, México, centro mundial del ocultismo, han pasado los presidentes
mexicanos Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Fox
y Felipe Calderón. De Manuel Andrés López Obrador los hechiceros dijeron a la
prensa un mes antes de la contienda electoral: “será el próximo presidente de
México, aunque le costará mucho, pues están como arpías sobre él".
En los Estados Unidos, los
tarotistas de la era global como Walter Mercado, poseen cadenas de medios de
comunicación para vender servicios. Alternan en los cocteles con ejecutivos de
las multinacionales, del poder financiero y magnates de la prensa, radio y
televisión.
Empero, si en el Tercer
Mundo las noticias sobre “El Retorno de los Brujos”, en alusión a la obra del
irracionalismo religioso, de Louis Pauwel y Jacques Bergier, producen
desconcierto, en Norte América y Europa proliferan los nigromantes de origen
africano y asiático que hacen limpias especiales, lectura del suchi,
endulzamientos de amor y lectura del espejo del ser amado, (reading of the
mirror), modalidad que suponemos es todavía desconocida en los círculos
hechiceros de los países latinoamericanos.
Cuando los taumaturgos,
embaucadores y farsantes, de todos los rangos espirituales, conocen el
desconcierto que ronda en los sistemas económicos y políticos basados en
relaciones desiguales, miden bien las flaquezas de sus víctimas para
sojuzgarlas , como Rasputin, quien logró ejercer una poderosa influencia al
final de la dinastía rusa de los Romanov, utilizando el poder de la sanación,
su influencia carismática, la enorme capacidad de intriga que ostentaba, sus
conocimientos, los rezos colectivos y sus poderes hipnóticos.
No se sabe si Rasputín
doblaba cucharas, como el asesor de la Fiscalía
General de la Nación, en la República de Colombia, Armando Martín, a
quien la gran prensa con alta dosis de cinismo llama “síquico”, pero, en cambio,
se conoce que cuando al mentalista ruso era invitado a manteles, deslumbraba
con el poder de su palabra a la Zarina Alexandra en los salones de la
monarquía, y obtenía de ella los deleites propios de su vida placentera,
voluptuosa y sibarita.